
Viernes 15 de mayo en la Sala 2 de Es Gremi.
Tania García (voz), Pablo Serrano Sánchez (teclado, bajo y percusión) y Manuel Jesús Urbina (guitarra).
Preñá de claveles
Víctor M. Conejo
Carlos Fernández (ver galería)
Arrancó como se esperaba y se deseaba: con trascendencia y copla, que siempre han conjugado maravillosamente porque han pasado la misma hambre. A la de cero ya oímos que las hechuras en la voz las tiene y vaya que sí. No hace falta decirlo pero vamos a decirlo: para cantar y para interpretar copla son muy concretas e indispensables, y no son las mismas que las del flamenco.
A la segunda le canta a los quereles, que rimaron con los claveles que la organización volvió a repartir entre la audiencia. En el escenario, formación curiosa y moderna para acompañar a la alicantina: guitarra española, sí, y también sintetizador, percusión electrónica, bajo y portátil para lo que considerasen (como los coros).
Anuncia EP con su pareja Yerai Cortés y con nusar3000. Se nos disparan las ganazas porque el último nos despedazó en el Atlàntida Film Fest del año pasado. Al primero, más que prometedor, nos lo han puestro tan de moda que obligan a estar hiperpendientes.
“He venido muchas veces. Tenéis mucha suerte de vivir aquí”. Nos lo dicen a menudo, y nos suele llevar a la sentencia de aquella portentosa de las letras: “Mallorca es el paraíso, si puedes soportarlo”. Explicitó que básicamente venía a presentar su último disco «Amoríos. La verdad de mi coplilla», donde busca el canon de la copla (y también su actualidad, y lo hace muy bien). Por ello hace lo que debe en las canciones que contiene: abrirse en canal. Después soltó frase para tatuaje: “¡Monigote! Si te pesan mis dolores, haberlo pensado mejor”.
Al poco cambia a un folclorismo ilustrado, con aires, soniquetes y ademanes tanto de tierras como de modernidad. Después vino un hito: sublimó ni más ni menos que la copla andaluza «El emigrante», ni más ni menos que de Juanito Valderrama y Niño Ricardo.

Tras ello, tiempo y espacio para el tocaor. Bien ganado, puso dedos y carne. Tiempo poquito y justito, pero suficiente. Hay quien parece pensar que al toque basta con soltar falsetas, otra gente parece creer indispensable ponerse correcaminos subiendo y bajando escalas. Manuel estuvo niquelao: con unos y con otros, también ni con unos ni con los otros.
Salió de nuevo La Tania para ponerse en las distancias más cortas hasta el momento, precisamente para cantarnos que a veces se siente más sola que el aguardiente. Cuando hubo de equilibrar delicadeza y chorro, se puede decir a las verdaderas que gana la mano. Cuando hay que jugar a niña y también a fuego, ponderar es de lo más difícil, y aunque no apabulle sí convence y hasta vence.
Curiosamente, luego se me empastó un poco. Como dijo una que sabe mucho, “no hace falta que vocalice tan bien”. A mí tampoco me gana si se pone cristalina, pero concesiones al público mayoritario, mayormente poco curtido, hace todo rediós. Por supuesto, hubo emoción y aplauso arrobado, mayoritario. Después quiso ubicar y señalar todo con lo que creció, yéndose a la mixtura y la heterodoxia máxima, la que es capaz de llevar a Papá Levante. A estas las reivindicó y ole su papo.
Para ir acabando se sentó bajo los almendros, y mientras cantaba “están floreciendo / están floreciendo / están floreciendo” diría que se acariciaba el embarazo. Dedicó la canción a la gente que florece y hace florecer cuando aparece. Lo dijo mientras le llovían los claveles, tantos y tan bien ganados, por trascendencia y por copla, que la preñaron de triunfo.






































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